jueves, 23 de febrero de 2017

Encuentros porno en los monasterios de clausura



Recuerdo el pueblo en el que vivía cuando era pequeño, en el que por motivos urbanísticos, hubo una excavación en los alrededores de un convento de clausura que ya estaba desmantelado. Cuando los operarios empezaron a llegar al subsuelo, aparecieron un montón de esqueletos de bebés con más de un siglo de antigüedad, y las malas lenguas del pueblo, que ya se sabe cómo son, decían que eran los nacidos de las monjas que allí habían habitado, que tenían relaciones sexuales con los curas del lugar.

No se sabrá nunca si eso era cierto o no, puesto que ninguna de las interesadas vivía ya después de tanto tiempo, pero la duda quedó ahí. Y no vamos a engañarnos, en el ciber porno, el tema de monjas que se tiran a todo lo que se menea es algo recurrente, y que por lo general da bastante morbo, así que algo de verdad debe haber en todo el asunto, cosa que tampoco sería de extrañar.

Porque, recordemos antes de nada, que muchas de aquellas muchachas en edad de merecer ni siquiera habían recibido la llamada de Dios, como se suele decir. En nuestros días seguro que sería chicas borrachas a las que les gusta disfrutar de la vida, que andan follando en discotecas ante el escándalo de sus padres; pero en años pasados, se les acababa pronto la tontería encerrándola en conventos a la menor excusa, ya fuera por no tener dote, por no ser muy agraciada físicamente, o simplemente por ser de una familia tan numerosa que no había para comer.

A muchas de estas muchachas que se convertían en novicias les hubiera gustado llevar una vida normal, con una época de cortejo, un matrimonio y unos hijos, lo normal en estos casos. Y por supuesto, al no haber elegido una vida de castidad por propia voluntad, llegaba un momento en que los apetitos sexuales salían a la superficie sin que nadie pudiera impedirlo. Y si por allí andaban los curas, el pastel ya estaba servido.

Aunque se suponían también castos, éste es un voto que no siempre se cumplía exhaustivamente, y se ve que mejor que pajearse en la soledad de sus celdas y tener corridas porno a solas, preferían preferían soltarlas chochitos jóvenes y vírgenes por lo general. Vamos, que como quién dice, tenían el coto de caza abierto, y si encima les decían que ellos las absolverían de todos los pecados cometidos, no creo que tuvieran ningún problema en tener al claustro como su harén particular.

Y qué pena que a estos religiosos no les gustara demasiado el porno anal, ya que de ser así se podrían haber evitado muchos embarazos no deseados, y situaciones como las que os comentaba al principio no tendrían por qué haberse dado nunca. Pero es curioso cómo la iglesia oculta siempre lo que les conviene, llamado pecados y poniendo penitencias sobre asuntos que parece que a ellos no los rozaban siquiera. ¡Ah, qué daño ha hecho la hipocresía de la Iglesia a su rebaño de creyentes!

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